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Fe y Obediencia

Fe y Obediencia

[Tener fe en Jesús] significa, por supuesto, tratar de hacer todo lo que Él dice. No tendría sentido decir que confías en una persona si no tomaras su consejo...

Cuando eres un niño crees casi cualquier cosa que alguien mayor te dice. Y, a menos que hayas sido privado del afecto apropiado y/o de disciplina (o sufrido algún tipo de abuso en esa edad tan temprana de tu vida) es muy probable que tambien hagas lo que te dicen. Es mucho más fácil en ese entonces reconocer que somos vulnerables y que necesitamos de alguien más grande, fuerte, sabio y en general más capaz que nosotros para que nos vaya bien en la vida. Pero las cosas comienzan a cambiar a medida que crecemos.

La confianza en el desarrollo

En la primera etapa de nuestras vidas (0-18 meses) –de acuerdo a la teoría del desarrollo psicosocial de Erik Erikson- dependiendo de que tan bien nuestros padres o cuidadores hayan atendido nuestras necesidades, desarrollamos confianza y esperanza para satisfacer nuestras necesidades y deseos o –tristemente- desconfianza y miedo a un mundo frio y egoísta.

A medida que entramos en nuestros años de adolescencia (como lo propuso el famoso psicólogo Jean Piaget) entramos en la última etapa de nuestro desarrollo cognitivo. En esta etapa (conocida como la etapa de las operaciones formales) los humanos desarrollan el pensamiento hipotético y las habilidades metacognitivas. Estos poderes recién desarrollados le dan al adolescente la oportunidad de pensar en forma más abstracta y de tener una mejor retroalimentación de sus propios pensamientos. Naturalmente, los jovenes comienzan a cuestionarlo todo; incluyendo las figuras de autoridad. (Despues de todo, ahora son mucho más capaces y fuertes y, -como pronto se dan cuenta- ni los padres ni los maestros lo saben todo).

Más tarde, en la primera parte de nuestra adultez, a medida que nuestras creencias son puestas a prueba por nuestras experiencias, nos comienzan a importar más los hechos y menos las ilusiones. Y, a medida que nuestras responsabilidades crecen, tambien crece nuestro sentido práctico. No es una sorpresa entonces, de que a medida que vamos envejeciendo comenzamos a depender mucho más en nuestra inteligencia cristalizada (basada en hechos y experiencias pasadas) que en la inteligencia fluida (pensamiento abstracto y habilidad de resolver problemas nuevos), lo que tambien explica porque entre mas envejecemos, es menos probable de que cambiemos nuestra forma de pensar.

Finalmente, me gustaría agregar que Erikson tambien identificó como una etapa (él propuso ocho en su teoría) un periodo (edades 40-65) en la cual los adultos luchan entre un sentido de generatividad (para guiar a las generaciones mas jovenes) y un sentido de estancamiento (inhabilidad de cuidar de otros).

Todo esto nos da información valiosa sobre como percibimos nuestro mundo y como desarrollamos la confianza basados en nuestras experiencias y relaciones con otros. Lo que me pone pensar sobre el quinto mandamiento.

El quinto mandamiento

“Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová, tu Dios, te da.” (Ex 20:12)

Probablemente, más que nunca muchos se preguntan porque Dios hizo de esto un mandamiento y que tiene que ver con vivir más tiempo.

Es difícil imaginarse porque necesitarías de una figura de autoridad cuando nunca has tenido una presente en forma significativa y puedes, aparentemente, encontrar las respuestas a todas tus preguntas en el internet. Sin embargo, despues de leer el libro de Proverbios la respuesta es clara: los padres (de acuerdo a la Biblia) debían ser no solo proveedores, pero forjadores de carácter; porque los hombres y mujeres con un carácter fuerte vivirán más tiempo a medida que se van fortaleciendo y caminan con sabiduría. Esto por supuesto, se supone debía ser alcanzado no solo con palabras, pero con el ejemplo; lo que entra en perfecta consonancia con el aprendizaje vicario enseñado por el psicólogo social-cognitivo Albert Bandura.

Hay, sin embargo, otra razón (creo yo) por la cual este mandamiento es tan importante. Y es que la percepción que tengamos de nuestros padres, afecta considerablemente la percepción que tenemos de Dios (Cf. Gen 5:1,3; 1 Juan 4:20). Y aquí, es donde podemos ver claramente la relación entre la fe y la obediencia.

Fe y obediencia

Hagamos un resumen: Cuando somos niños, creemos casi cualquier cosa con facilidad. Cuando somos adolescentes, cuestionamos casi cualquier cosa con facilidad. Cuando nos convertimos en adultos, dejamos de cuestionar con el fin de ser mas prácticos, a medida que envejecemos, buscamos trasmitir ese conocimiento práctico a generaciones más jovenes. En medio de todo eso, nuestros padres son (además de proveedores) modelos y forjadores de carácter y, la impresión que tengamos de ellos, afectara significativamente lo que pensemos de Dios.

Dios, como nos enseña la Biblia, no solo es el rey del universo pero tambien, nuestro Padre. Y por eso, no solo está interesado en suplir nuestras necesidades pero tambien, en formar nuestro carácter; algo muy importante de entender si buscamos creer en él y entender porque él no siempre cumple todos nuestros deseos (más de esto en próximos artículos).

Como nos enseña la psicología, la relación que tenemos con nuestros padres afecta la manera en que tratamos con las figuras de autoridad, y esto, por supuesto incluye a la más grande de todas las figuras de autoridad: Dios.

La fe y la obediencia están directamente relacionadas porque cada acto natural de obediencia tambien es un acto de fe; un acto de confianza –como discutimos en mi artículo anterior- no en algo, pero en alguien. ……………………………………………………………………………………………………………………….

Problemas creyendo en Dios

Si tienes problemas creyendo en la existencia de un Dios que hizo el universo y se preocupa por ti quizá deberías comenzar examinando cuál es tu percepción sobre las figuras de autoridad.

Sin embargo, lejos de eso quiero que sepas que estoy de acuerdo en que es muy difícil creer en alguien que no ves como la materia de todos los días. Dios sabe esto, y es por eso que Jesús hablo de un segundo nacimiento (Cf. Juan 3:3); un nacimiento con el cual puedes percibir a Dios con mucha más facilidad y depender de Dios como lo hiciste (o debías de) con tus padres cuando eras niño.

Antes de que hablemos más sobre el segundo nacimiento, primero examinaremos (en mi próximo artículo: “Guerra Espiritual: Una Batalla por la Realidad”) como el mundo espiritual puede estar conectado con la realidad. Hasta la próxima.

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